Es difícil, muy difícil, hablar de la ración anual de Woody Allen que nos ha tocado este 2011: Midnight in Paris. Por lo menos, de hacerlo sin desvelar cosas MUY importantes para disfrutarla completamente. La primera impresión que tienes al salir de ver la película es "¿Pero qué campaña de márketing tan desastrosa ha tenido esta película para que yo no supiera ESO?", pero empiezas a investigar y te das cuenta de algunas cosas (como por ejemplo, que la lista del casting completo en la IMDB te muestra el nombre de los actores pero no el nombre del personaje que interpretan...). Al final va a resultar que la campaña estaba más pensada de lo que te creías.
Owen Wilson está estupendo haciendo de Woody Allen esto... de un escritor de guiones de Hollywood obsesionado con París y su época de bohemia. Con unos paseos nocturnos por la ciudad, en apariencia inocentes, le acaba dando un sentido metafísico a las famosas Derivas Situacionistas de Débord y compañía. Y encima aporta matices nuevos nunca vistos en ese estereotipo que todos conocemos tan bien: el hombrecillo neurótico, inteligente, hipocondríaco y con muchos problemas sentimentales. Pero hasta aquí podemos leer.
Así que dejémoslo en un simple "id a verla y disfrutarla en vuestra virginidad". Os va a sorprender, os va a encantar, os va a emocionar y, por supuesto, os hará reir. Qué demonios, es una película de Woody Allen. En París. Sólo con eso debería bastar.
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