
La película comienza con un pobre señor que está tranquilamente pescando en su barca en el Lago Victoria (podríamos pensar que se trata del famoso lago de Tanzania, pero la cantidad de adolescentes paliduchos y rubios que veremos después se encargarán de desmentirlo), sin saber que la sala entera masca la tragedia. Se trata de Richard
Dreyfuss, además caracterizado idéntico, idéntico a su personaje en Tiburón. Una falla tectónica, un lago oculto debajo del lago, una raza de pirañas prehistóricas aislada durante milenios... El típico cúmulo de circunstancias fatídicas que de repente te convierten en cebo para peces. Bueno, cosas peores pasan.
Pero que muera un pescador vejestorio, en el fondo, no le da pena a nadie... Lo que de verdad te llega, el auténtico drama, y Alexandre Aja se encarga de insistir en ello, es que centenares de chicas siliconadas y enloquecidas estén celebrando las fiestas de primavera (el Spring Break de los estudiantes norteamericanos) en un lago infestado de voraces pirañas, con el consiguiente peligro para su salud y su tipo. A partir de la mitad de la película, cuando ya se han planteado las escuetas tramas y los personajes arquetípicos, todo se convierte en una carnicería -o una pescadería ya que no salimos del entorno acuático- en la que no se salva nadie. Nadie. Ni los guionistas, ni el director, ni los hermanos Weinstein...

Quizás sí que podamos destacar a la recuperada Elisabeth Sue, como la aguerrida sheriff de Victoria Lake, o el cameo de Christopher Lloyd, otra vez de científico loco en lo que no se sabe si es un cameo entrañable o un tropezón en su carrera. Ving Rhames, Jerry Connell o Jessica Szhor dejan el pabellón actoral en un nivel más que aceptable(aunque del personaje de esta última no quede claro si hace de damisela en apuros o de mujer fatal en una mezcla tan desconcertante que hasta ella acaba mareada vomitando al espectador...). ¿Más cameos todavía? Tenemos a Eli Roth, como el locutor radiofónico de un concurso de camisetas mojadas (¿cómo se retransmite un concurso de camisetas mojadas por la radio?). Y tenemos también a Riley Steele o a Giana Michaels, famosas actrices porno que en esta oportunidad que el cine convencional les brinda aparecen también desnudas, para que su público habitual las reconozca (yo lo sé porque lo he visto en la IMDB, que conste).
Sobra mucho espíritu festivo y sobran muchos toques cómicos que hacen entretenida la película. Pero también sobra mucho gore desfasado y mucha violencia gratuita (ese personaje enajenado atropellando a los bañistas en un ataque de pánico). Los frikis de Internet han perdido la cuenta de muertos (el morboso body count) a los 40 más o menos... ¡Todo en una película no recomendada a menores de 16 años! ¿Está bajando la edad a la que asimilamos el gore en el cine o estará subiendo mi nivel de mojigatería?
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